LA PRUEBA MÁS DIFICIL. ESTUDIAR EN TIEMPOS DE PANDEMIA.
Los estudiantes se vieron obligados a cambiar sus hábitos de estudio drásticamente, al inicio con la incertidumbre generalizada sobre la continuidad o no de las clases y luego, con el transcurrir de los meses, adaptándose dentro de los límites que impuso el aislamiento a la presencialidad, exámenes y encuentros virtuales.
Espacios comunes de estudio como las bibliotecas, espacios compartidos al aire libre e incluso espacios comunes vitales como los comedores estudiantiles, debieron ser reemplazados por otros más solitarios y en muchos casos estresantes.
Muchos estudiantes lograron adaptarse en mayor o menor medida a esta realidad, para muchos incluso la experiencia les resultó beneficiosa ya que les permitió organizar mejor sus horarios, e incluso reducir los gastos de viajes y comidas; sin embargo, para un gran número de ellos la situación resultó extremadamente difícil.
Sin lugar a dudas, la pandemia por el COVID-19 dejó expuestas las enormes desigualdades sociales existentes entre los estudiantes, ya que además de las ya presentes en periodos de “normalidad”, se sumaron aquellas causadas por la falta de acceso al tan necesario equipamiento informático o conectividad a internet, por la falta de espacio de estudio en el hogar, problemas de salud causados o relacionados con la Covid-19, entre otras.

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