CORDOBA: Así es Cosquín.

El barrio coscoíno que lleva por nombre Alto Mieres es quien da la bienvenida a todo aquel que ingresa por la ruta nacional 38.

A medida que nos vamos adentrando en una de las ciudades  - de poco más de 36 manzanas urbanas que forman una de las más hermosas que tiene la zona serrana del la provincia de Córdoba.

Así es Cosquín,  con título de ciudad pero con aires de pueblo. Dos historias fundacionales conviven en su identidad: la oficial, la de los libros de historia y otra mítica, de leyenda incaica, que se paso de boca en boca y que habla de amor,  fidelidad y libertad de un pueblo aborigen oprimido por fuerzas españolas.

En lo alto los cóndores se elevaban hasta perderse en la inmensidad celeste de un cielo de las sierras cordobesas coronado por el cerro Pan de Azúcar. Paisaje que al llegar la primavera, a orillas del río de cantarinas aguas, las acacias rojas se cubren con sus racimos granates, como si fueran gotas de sangre rememorando aquella leyenda aborigen fundacional.

El corazón de la ciudad late al ritmo de zambas y chacareras, malambos y carnavalitos dándose su mayor expresión durante nueve lunas veraniegas del mes de enero conocido como El Festival Nacional de Folklore. El escenario del festival, llamado Atahualpa Yupanqui, se halla situado en la gran plaza Próspero Molina, célebre por haber recibido a los más grandes exponentes de la música folklórica nacional y a importantes artistas de otros países.

Durante esta época este lugar serrano abandona esa visual de pueblo para dejarse invadir por los miles de turistas que acuden en búsqueda de las tradiciones tanto musicales como culturales de la identidad Folclórica del ser argentino sumado a la oportunidad de elegirlo como lugar para vacacionar.

La avenida San Martín es la que  recorre todo su casco histórico, en la cual podemos apreciar como lo antiguo convive con lo moderno, recorrido que nos hace situarnos de a ratos por escenas de lo fue: como la confitería la Europea en la cual cantores como los hermanos Avalos, Los cuatro de Córdoba, Los chalchaleros y hasta el mismo Atahualpa Yupanqui tertuliando le dieron forma a uno de los lugares folclóricos por excelencia junto con destacados vecinos del lugar como el Dr. Sarmiento y Don Reynaldo Wisner, destacados que enarbolaron las palabras y música de libertad y expresión ciudadana.

Durante el resto del año la modernidad, la globalización parecieran rendirse ante el espíritu pueblerino de los coscoínos que se reúsan a perder esa tradición de identidad que los caracteriza y con la cual día a día pareciera que reivindican el regreso a las raíces valorando la tierra en la que jugaba y en la cual hoy “danzan” y revolotean su poncho blanco de guarda negra,  sus changos.

“Cosquín tiene en sus nombre una campana, templada con el canto de las guitarras” reza su himno y con la cual sus habitantes hacen honor al  milagro de saberse hermanados y que la tradición no muera.


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